¡La codicia Humana! No podemos dejar de desear, y ello nos
magnifica y nos mata. ¡El deseo! Nos empuja y nos crucifica, llevándonos cada
día al campo de batalla donde, la víspera fuimos derrotados, pero que, al alba,
de nuevo se nos antoja terreno de conquistas; nos hace construir, aunque
hayamos de morir mañana, imperios abocados a convertirse en polvo, como si el
conocimiento que de su caída próxima tenemos no altera en nada la sed de
edificarlos ahora; nos insufla el recurso de seguir queriendo lo que no podemos
poseer y, al llegar la aurora, nos arroja sobre la hierba cubierta de
cadáveres, proporcionándonos hasta la hora de nuestra muerte proyectos al
instante cumplidos y que al instante se renuevan. Pero es tan extenuante desear
sin tregua...Pronto aspiramos a un placer sin búsqueda, soñamos con un estado
feliz que no tendría principio ni final y en el que la belleza ya no sería fin
ni proyecto, sino que devendría la evidencia misma de nuestra naturaleza.
El problema está en que los hijos se creen lo que dicen los
adultos, y una vez adultos a su vez, se vengan engañando a sus propios hijos.
La vida tiene un sentido que los adultos conocen, es la mentira universal que
todos creen por obligación. Los adolescentes creen hacerse adultos imitando
como monos a los adultos que no han pasado de ser niños y que huyen ante la
vida.
Tengan una sola amiga pero elíjanla bien.
Pero quien persigue eternidad, recoge soledad.
Tenemos todos anclado en nosotros el conocimiento de lo
adecuado. Este conocimiento es lo que, en cada instante de nuestra existencia,
nos permite aprehender la esencia de la cualidad de lo adecuado, y en raras
ocasiones en que todo es armonía, disfrutar de ello con la intensidad
requerida. Algunas personas son incapaces de aprehender en aquello que
contemplan lo que constituye su esencia, su hálito intrínseco de vida, y
dedican su existencia entera a discurrir sobre los hombres como si de autómatas
se tratara, y de las cosas como si no tuvieran alma y se resumieran a lo que de
ellas puede decirse, al capricho de inspiraciones subjetivas.
Me he replegado , es cierto; no me escondo, me aíslo allí
donde no pueden encontrarme; lo único que quiero es poder pensar tranquilamente
yo sola sin que me perturben las idioteces de la gente, de la radio , de la
televisión, o sin que me moleste mi hermana o mi madre. Y poder leer y escribir
mis ideas profundas y mi Diario en paz.
Por mucho que yo sepa que hay adultos que llevan máscaras en
plan todo dulzura, todo sabiduría, pero debajo son muy feos y muy duros; por
mucho que sepa que basta con descubrirles el juego para que caigan las
máscaras, cuando ocurre con toda violencia, me hace daño. Por mucho que sepa
que el mundo es feo, no tengo ganas de verlo.
Los que saben hacer las cosas las hacen; los que no saben,
enseñan a hacerlas; los que no saben enseñar, enseñan a los que enseñan; y los
que no saben enseñar a los que enseñan, se meten en política. Los hombres viven
en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la
competencia esencial es el dominio del lenguaje.

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