miércoles, 20 de noviembre de 2013

La elegancia del erizo


¡La codicia Humana! No podemos dejar de desear, y ello nos magnifica y nos mata. ¡El deseo! Nos empuja y nos crucifica, llevándonos cada día al campo de batalla donde, la víspera fuimos derrotados, pero que, al alba, de nuevo se nos antoja terreno de conquistas; nos hace construir, aunque hayamos de morir mañana, imperios abocados a convertirse en polvo, como si el conocimiento que de su caída próxima tenemos no altera en nada la sed de edificarlos ahora; nos insufla el recurso de seguir queriendo lo que no podemos poseer y, al llegar la aurora, nos arroja sobre la hierba cubierta de cadáveres, proporcionándonos hasta la hora de nuestra muerte proyectos al instante cumplidos y que al instante se renuevan. Pero es tan extenuante desear sin tregua...Pronto aspiramos a un placer sin búsqueda, soñamos con un estado feliz que no tendría principio ni final y en el que la belleza ya no sería fin ni proyecto, sino que devendría la evidencia misma de nuestra naturaleza.
El problema está en que los hijos se creen lo que dicen los adultos, y una vez adultos a su vez, se vengan engañando a sus propios hijos. La vida tiene un sentido que los adultos conocen, es la mentira universal que todos creen por obligación. Los adolescentes creen hacerse adultos imitando como monos a los adultos que no han pasado de ser niños y que huyen ante la vida.
Tengan una sola amiga pero elíjanla bien.
Pero quien persigue eternidad, recoge soledad.
Tenemos todos anclado en nosotros el conocimiento de lo adecuado. Este conocimiento es lo que, en cada instante de nuestra existencia, nos permite aprehender la esencia de la cualidad de lo adecuado, y en raras ocasiones en que todo es armonía, disfrutar de ello con la intensidad requerida. Algunas personas son incapaces de aprehender en aquello que contemplan lo que constituye su esencia, su hálito intrínseco de vida, y dedican su existencia entera a discurrir sobre los hombres como si de autómatas se tratara, y de las cosas como si no tuvieran alma y se resumieran a lo que de ellas puede decirse, al capricho de inspiraciones subjetivas.
Me he replegado , es cierto; no me escondo, me aíslo allí donde no pueden encontrarme; lo único que quiero es poder pensar tranquilamente yo sola sin que me perturben las idioteces de la gente, de la radio , de la televisión, o sin que me moleste mi hermana o mi madre. Y poder leer y escribir mis ideas profundas y mi Diario en paz.
Por mucho que yo sepa que hay adultos que llevan máscaras en plan todo dulzura, todo sabiduría, pero debajo son muy feos y muy duros; por mucho que sepa que basta con descubrirles el juego para que caigan las máscaras, cuando ocurre con toda violencia, me hace daño. Por mucho que sepa que el mundo es feo, no tengo ganas de verlo.
Los que saben hacer las cosas las hacen; los que no saben, enseñan a hacerlas; los que no saben enseñar, enseñan a los que enseñan; y los que no saben enseñar a los que enseñan, se meten en política. Los hombres viven en un mundo donde lo que tiene poder son las palabras y no los actos, donde la competencia esencial es el dominio del lenguaje.


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